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entorno energético, la búsqueda del buen lugar

entorno energético, la búsqueda del buen lugar

El buen lugar, el lugar del corazón

entorno energético

Conjuntamente con el conocimiento de estos haces de energía para todos los pueblos que han conservado una mínima conexión con la Madre Tierra, también ha sido evidente esta diversidad en los entornos energéticos de la que estamos hablando.

A lo largo de su dilatada historia todos estos pueblos han podido constatar por un lado, que cada tipo de entorno energético (calido, frío, dinámico, estático, contractivo, expansivo, nervioso, seco, ...) favorece un determinado tipo de riqueza biótica y por otro, que no todos los entornos energéticos favorecen de igual manera el desarrollo de las actividades humanas; algunos son extremadamente favorables mientras que otros las dificultan enormemente.

Aquellas etnias que además supieron mantener una relación de cooperación y respeto con la Madre Tierra, llegaron incluso a determinar y clasificar cuales eran las características energéticas primordiales de debía cumplir un determinado entorno para satisfacer las necesidades básicas de su pueblo forjando de este modo, e incorporando como un elemento básico de su cultura, el concepto de "la búsqueda del buen lugar"; No todos los lugares son aptos por tanto, ahora que ya sabemos como debe de ser un "buen lugar", vayamos en su busca.

la búsqueda del buen lugar

Todos los pueblos ligados a la tierra han incorporado el concepto de la búsqueda del buen lugar e incluso algunos pueblos han llegado a elevar este concepto, a la categoría de arte.

Los chamanes en América del sur hablan directamente de "la búsqueda de buen lugar", los chinos inventaron el Feng Shui, en la India se desarrolló el Vasthú, los pueblos nómadas se regían por la riqueza biótica que observaban a su alrededor, los pueblos cazadores se aprovechaban directamente del propio instinto de los animales para encontrar siempre el lugar adecuado y en consecuencia, se trasladaban siguiendo los desplazamientos naturales de la caza. Incluso en nuestra tradición local, aparentemente desvinculada de la tierra, hasta principio del siglo XIX existían -y se seguían- toda una serie de preceptos e indicaciones que garantizaban siempre la elección del lugar más adecuado donde levantar una nueva casa.

Con la llegada de la era industrial, el hombre se ha desvinculado completamente de la tierra -y del cielo- con lo que ha perdido completamente la noción del pulso terrestre y de sus ritmos naturales: día y noche, invierno y verano, buen o mal tiempo atmosférico, ciclos de la luna, etc. Todos estos factores han dejado de ser importantes para el hombre moderno. Esta desvinculación entre el hombre moderno y la Madre Tierra ha tenido dos consecuencias muy importantes: el aislamiento y las construcciones enfermas.